Ya lo dije en mi blog del viaje de un idiota, pero vuelvo a decirlo otra vez: la canción de “Todo lo demás” de Quique González es la perfecta compañía para un viaje.
Siempre me transporta a los tiempos en los que viajabamos en coche, nunca habíamos subido a un avión y amábamos las carreteras secundarias y las gasolineras perdidas. El aire entrando por la ventanilla, el brazo dibujando olas con el viento, y los paquetes vacios de donuts en el suelo, y las bolsas de patatas, y el cassete rayado dando vueltas una y otra vez en el autoreverse.
Ahora que me encuentro de viaje, siempre huyendo, vuelvo a escuchar la canción y, como cada vez que huyo, vuelvo a preguntarme cuándo complicamos las cosas y porqué dejamos que toda aquella sencillez se perdiera. Que hermoso y que pequeño era el mundo.