Me ha llegado este mensaje de SPAM:
Estimado señor / señora:
Somos una empresa mayorista en China. Nos venden principalmente productos electrónicos,
tales como cámaras digitales, teléfonos móviles, LCD TV, xbox, Laptops, DV, MP3 & Media Players, GPS, y así sucesivamente.
Todos los artículos son nuevos en caja con accesorios originales, embalaje, manuales, tarjeta de registro, número de serie etc
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Gracias por su atención!
Mis mejores deseos!
Y me ha recordado la historia de los MP3 en China, así que vamos a contarla.
Estábamos en Shanghai y fuimos a ver la antigua ciudad, los Jardines Yuyuan. Parte de los jardines, que no tienen ángulos y hasta las puertas son redondas, habían sido convertidos en bazar a principios del siglo XX. Un lugar lleno de restaurantes, tiendas de ropa, objetos de todo a cien, tiendas de electrónica y chinos, muchos chinos. Después de visitar el templo del Buda de Jade y marearnos con el incienso,vestirnos de chinos en la época imperial y hacernos unas fotos, y hacer el tonto en los muros del jardín, comenzamos a comprar tonterías, entre ellas tres flautas a un músico callejero.
Encontramos una tienda ya saliendo del recinto que nos empezó a ofrecer sus productos al estilo chino -mucha sonrisa, te cojo del brazo, te meto en mi tienda, golpeo a Iñaki, le estiro el pelo a Javi, no le digo nada al alto con cara de malo, fotografío a la rubia con el pelo rizado- empezamos a negociar unos reproductores de MP3 y unas memorias Sony Memory Stick (made in Japan) para las cámaras digitales. Regateamos por un precio irrisorio unos 4 o 5 reproductores de 1G de capacidad, por un precio tres veces menor que en Barcelona. Nos quedamos contentos. Por la noche en un cibercafé intentamos cargarlos de canciones, pero los ordenadores no iban bien y tuvimos que dejarlo para otro día.
Algunos días más tarde Amanda compró un reloj, para tener la hora china en la muñeca.
Tras seis días, un avión, cuatro buses y un tren, llegamos a Dali, donde por fin encontramos unos ordenadores en el que poder conectar los MP3 y pasar las canciones que yo tenía en mi reproductor traído de Barcelona.
Primero pasamos todo al disco duro y conectamos el primer aparato. Empezaron a pasarse las canciones, y después de 20 ficheros el ordenador mostró el odioso mensaje de Windows “disco lleno“. “Que raro“, pensamos, “igual ya había alguna canción“, volvimos a pensar, así que revisamos las carpetas. Estaban solo las 20 canciones. Fuimos a las propiedades de la unidad externa y allí estaba el probelma: Capacidad 128M. Pusimos otro, y luego otro, y todos igual, 128M. Nos habían engañado.
“Bueno“, pensó Andreas, “si son 20 canciones al menos cabrá un disco y pico, y ya es algo para ir tirando“. Lo conectamos y esta vez ni se encendió. Simplemente ni iba.
Tras las primers fotos con las memorias nuevas, la cámara dijo “Syntax error” . El reloj de Amanda dejó de mover la aguja de las horas a los pocos días, y todas las chaquetas de imitación que compramos en Beijing, el último día, terminaron con las cremalleras rotas a los tres usos al volver a casa.
Desde entonces cada vez que compramos algo y no funciona o se rompe pronto le llamamos “un MP3“. Especialmente si le pasa a Andreas.
¡Ah, se me olvidaba! Nunca hemos logrado hacer sonar la flauta.